Otra vez mentirosos

La mentira puede ser algo muy creativo. Pero, claro, no toda mentira lo es.

Cuando oímos la palabra mentira normalmente pensamos, digamos, en la mala mentira. En esa que sirve para que se escondan los cobardes. La mentira rastrera, interesada y dañina. Esa mentira no tiene en absoluto que ver con el cuento.
Pero hay otro tipo de mentira, que me encanta y de la que participo abiertamente, que es la mentira creativa.
Esa mentira sirve para ofrecer un lugar distinto, un ámbito extraordinario, un espacio en el que aprender de una experiencia que nunca se ha tenido, pero que en realidad se está teniendo.
Son las mentiras de alguien que es más feliz mientras miente, las mentiras de quien hace feliz, por un momento, a sus interlocutores. Las mentiras del protagonista de Big Fish, las mentiras que aportan, que son vida dentro de la vida, las mentiras que se vuelven verdades dentro de su propia realidad realísima.

Esas mentiras y el cuento son primos hermanos.
El cuento no deja de ser la historia falsa de unos personajes que nunca existieron.
Y los cuentos protagonizados por mentirosos ya son una delicia, porque juegan con la mentira dentro de una mentira.
Estoy preparando un espectáculo de cuentos sobre mentirosos compulsivos.
Ya veremos o no cuántas mentiras (o cuántas verdades) se cuentan.

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